viernes 30 de julio de 2010

Proscrito traje de luces.


Proscrito traje de luces.

Libertos y francachelas,
dicen que tienen
en el país de los judíos
con acento francés.
Jactancia de imponer
la piel de toro,
no como territorio,
si no, como simple piel.
Que los visones son visones,
y los pollos mueren
pero son pollos.
Nada de carne los viernes.
Mañana, asuetos de ternera
que la crueldad
no entiende de veterinarios.
Y las luces… No en el traje;
sólo para las luminarias
del estoy contigo, pero sin ti.
Cuernos como linces,
deudores y aspirantes.
Quizás el tiempo pase justicia
-hasta el rabo todo es toro-,
y cada cual, tendrá
que defender sus cuernos.













jueves 29 de julio de 2010

Yo soy del barrio.


Yo soy del barrio.

A punto estuve de poner,
un pie,
en el otro barrio
-en concreto,
un ático en el centro-,
pero sigo siendo
del lado pobre.
Del lado quintero.
Del que tiene aire,
acondicionado,
si abre las ventanas.
Y donde el ladrillo-visto,
viste, callecitas bajas
y troupe de braceros.













martes 27 de julio de 2010

Frías cuchillas.


Frías cuchillas.

De la mano de Freddy,
he visto combatir
a la esperanza
con un paraguas
en la tormenta.

Un jersey negro y rojo,
se desdibuja
en la herencia
hipocondríaca
de una cara sin ojos
con un mundo asustado.

Una tarde,
de plomo en las ventanas.
Una rabia,
inexplicable, lóbrega,
contenida en la mirada
entre la niebla.













domingo 25 de julio de 2010

Dum licet fruere


Dum licet fruere

Voy a poner un tiovivo
junto al dosel de mi cama,
para que las noches
pinten de carruseles
todas las sombras oscuras
de la estancia.

Y plantaré girasoles rubios,
de esos enormes
que echan las pipas peladas.

En el salón, umbrío,
para azote de veranos y membrillos
haré crecer una parra,
y echaré sus uvas en aguardiente
para servir cafelillo migado
con rabitos dulces de pasas.

Habrá un reloj
que nunca contará las horas,
con una burla en el rostro,
y nosotros,
riéndonos de la parca.

Lo dulce, sabrá a dulce.
Y lo amargo, también a dulce.

Mientras se pueda, goza.














viernes 23 de julio de 2010

Campana de las tenerías.


Campana de las tenerías.

Sonó la campana, con el sonido
sempiterno de la primera vez.
La resonancia clavada
en la mirada
de unos campos yermos,
donde la paja del trigo,
se amontona,
en rectángulos perfectos.

Las paredes encaladas
de este pueblo de calles blancas,
siguen vistiendo de nácar
por primavera,
sus desconchones de invierno.

La ingravidez, del dulce flamear
de la calima
que va pintando el cielo
con olores de cuero,
junto al camino de Córdoba.












miércoles 21 de julio de 2010

Veteando el cielo.


Veteando el cielo.

Cuando haya
un cielo que romper
y una mirada
que guardar,
allí me tendrás,
como el beso
que rompe,
más fiero que torpe,
todos los vientos...

Un viento
que todo lo mueve.













lunes 19 de julio de 2010

Tierra de imbéciles.


Tierra de imbéciles.

Sarracenos bobalicones
han existido siempre,
máscaras con falso pan de oro
que esconden las miserias
de un balcón a la calle del centro.
Está el amo sin cortijo
que sólo le queda el perro,
el de la puerta,
tonto y de hambre casi muerto
pero que ladra por inercia,
porque seguirá siendo tonto
aunque tenga la barriga llena
y el culo ya sin agujero.
Naftalina de camisa blanca
y cartilla de ahorros
con números negros,
que no rojos,
porque el mundo ya dejó de ser
la calle de los señores
y la tierra de los labriegos.
Y aun así, se escuchan
voces de gomina con yugo
y flechas en brazo derecho…
Si supieran la risa que dan.
Si olieran el alcanfor rancio
que destila su rancio abolengo.
Toc, toc. Alguien toca
nudillos en mano
en el cristal de la puerta.
Y el perro sigue ladrando.
Tonto, y de hambre casi muerto.













sábado 17 de julio de 2010

En la calle del Santo.


En la calle del Santo.

A Francisco le gustaban los caminos; le gustaba dejar sus pies libres recorriendo un mundo que podía ser más humano en casa paso. Entre sus manos prodigiosas, como prestidigitador, engendraba ese maná de la calidez de una campiña que le daba nombre de aire terral del este. Me imagino las calles que te vieron nacer, tan hipócritas como las de ahora. Y tú, sacándote de las alpargatas franciscanas esa piedra que te hizo pensar: de mi tierra ni el polvo. Quizás por eso tuviste que cruzar un cielo y un mar, para que no te llamaran loco, ni iluminado. Cambiaste tu cayado de señor, por violín dictador de fieras. Y pudiste ser el niño de los cánticos del sur, o el torerillo fino, que mandaba con sus designios sin estoque y sin capa.














viernes 16 de julio de 2010

Puerta en una tapia.


Puerta en una tapia.

Quisieron poner en mi casa
una puerta en el techo,
por si alguna vez se me ocurría
-como loco sin tribuna-,
aletear y salir corriendo.

¿Dónde quedaron mis alas?
Mis tullidas reverberancias
que se agitan como el viento.

Y cambiaron la puerta
por un brocal oscuro, y espeso,
en mitad de ninguna parte,
quizás, en mitad de un muro.

Fría como la hiedra
en una mañana de rocío,
elevaron su angostura,
elevaron su rostro del suelo.
Dejando el pie al vacío
de varios metros, y dijéronme:
- Pártase usted al salir
la crisma con el cemento.
















martes 13 de julio de 2010

Puerta de iglesia.


Puerta de iglesia.

Con tres vueltas de tornillo
en la carne despellejada de una puerta,
suenan las palmas abiertas
de una mano que llama,
entre condestables sin galones
y chirrío de óxido.
Ronca grita la aldaba,
con camisas rotas de auxilio.
Cañaverales sin cañas,
y el ronquido del pordiosero
que no sabe si vive o muere,
si sueña o cabalga.
Duele la piedra pasada a lija
entre el crujir de unos goznes,
que nunca se abrirán del todo.