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viernes, 31 de octubre de 2014

El óleo


El óleo

recorre mi cuerpo
prendiendo mis manos.
Dedos de aceite;
flor azabache.
Aceituna lavada,
diamante negro
de la campiña.


















lunes, 27 de octubre de 2014

La verbena.


La verbena.

Allí están las victorias,
junto a la catedral perdida
de la luz y la noche de fondo.
En los forjados imposibles
que se llevaron las rejas
donde se pelaba la pava.
El contorno de una camisa
que poco a poco se aleja.
Las envestidas a medias
de la gallardía planchada
como si fuera mañanita
de domingo. El cesto,
de mimbre y almendras fritas
que burla la espera de los niños.
Y el albor, que nunca se apaga.
Una madre espera en la ventana
a que vuelva su hijo. Prosigue,
prosigue la algarabía.
















jueves, 23 de octubre de 2014

El estallido de la defensa


El estallido de la defensa

tiene su coste en herrajes,
porque nadie camina a solas
en el combate del hierro colado.
Los verbos me los como porque puedo,
y las acciones vienen solas
en la plataforma de lo debido.
Arráncame la piel a tiras
que me estorba el pecho
para poder respirar.
Se enciende una lámpara
al final de un oscuro pasillo,
y el alba crepita en el brillo
de una copa de brandy.
De nuevo una incoherencia
como manga de camisa,
de nuevo una hostia bien dada
como alpha de un nuevo día.















domingo, 19 de octubre de 2014

La puerta del rellano


La puerta del rellano

estuvo guardada por la palabra.
Por las sílabas de los mentideros
y la saliva de los soliloquios,
compartidas a manos llenas.
Palabra de barbero, que todo los sabe.
Estruendo de rejas que parten la calle,
entre la casa que respira
y el oído en busca de carne.
Hasta el ladrillo tiembla.
Hasta los secretos se ablandan.
Los perritos buenos no ladran,
porque ya lo hacen sus dueños.
El ruido ha dejado su resguardo.
El silencio ha ganado la batalla.
















miércoles, 15 de octubre de 2014

La Estrella Polar


La Estrella Polar

ha comprado hoy
unos pendientes de coral y plata,
para que en las noches de luna
solamente brille una
sobre las demás.
Ella que tiene cicatrices en los brazos
y sabe, de eso, de perder el norte,
luce tersa su cara de bronce
en la oscuridad azul
de una noche cualquiera.
Ahora que conoce
todas las calles y aceras
del ecuador hacia arriba,
sólo quieres baratijas
para sentirse mejor.
Ya va para quince años,
que la encontraron muerta;
puta y enganchada al caballo.
Pero llevaba puestos
sus pendientes de coral y plata.