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sábado, 24 de enero de 2015

Se rompió


Se rompió

el barro cocido como la simiente que crece
y no da fruto –mala hierba le dijeron-;
ahí tienes tu serón de esparto borriquillo
que con el costillar partido,
los mulillos no adelantan trabajo.
Recoge, recoge si te atreves
la ropa limpia recién planchada,
arría la bandera, respira hondo,
y mándalos a todos al carajo.








martes, 20 de enero de 2015

La fuerza del guerrero


La fuerza del guerrero

tiene el corazón de bronce y las manos cansadas de tratar con las bestias, de arreos y serones para llevar el pan a su casa. Los vientos de un reloj dibujaron una España más cetrina que el blanco y negro del yugo, porque las flechas eran disparadas por el azul de las camisitas blancas con misa de diario.

Ahora recuerdo esa caja de cartón llena de postales que otros dejaron escritas. El viaje que comenzaba cada vez, que un nieto las barajaba. Mi mal genio heredado; la Barberita cogida a su brazo en las tarde de paseo y boina. Los pestiños grandes como orejas de viejo que él se llevaba enteros a la boca. La palmera siempre podada y con tierra mullida. Los huesos salados del trastero y la caja del belén atada con guitas. Qué recuerdos.




viernes, 16 de enero de 2015

Los dioses


Los dioses

han dejado la puerta abierta
con su encanto de idolatría
y la serena templanza,
de una adolescencia
por comenzar y por sentir.
Porque la mocedad
es la llaga abierta
que todo lo puede,
la miseria del equivocado
y la sonrisa del novicio.
El vello que emerge en la piel,
la sed inacabada que nunca se arruga.
Y cuando se siente el vértigo
de las palabras primeras
que nunca se pronunciaron,
el mundo se hace más brillante
emergiendo de su caparazón
enjuto, consumido y seco.
El juego, la canícula, la travesura.
El túmulo funerario de la razón
que está por llegar. Y todo,
en un suspiro llamado juventud.







lunes, 12 de enero de 2015

Nana de la cama grande.


Nana de la cama grande.

Entorna tus ojos
morenita de luna clara,
que los luceros también duermen
entre almohadones de plumas,
entre sábanas y enaguas.
Que el caballito grande
de la mirada perdida,
solo puede verte entre sueños,
en el anhelo dulce y palpitante
de su niña bonita.
Entorna tus ojos
en tu mantita
de barquitos veleros,
como si las olas te mecieran,
como una sonrisas y tus hoyuelos.
Entorna tus ojos,
morenita de luna clara.