martes 10 de noviembre de 2009

Campanas que convocan.


Campanas que convocan.

A todas horas
me encuentro por la calle,
miles de sapos
con buenas intenciones;
y yo soy el primero que croo.
Herencia
de príncipe encantado
pero sin beso,
que escucha la campana
llamar a maitines.
O quizás,
para el almuerzo.
Compartiendo
esa olla de rancho,
con cuchará y paso atrás,
y ese: - Espabila,
que pierdes bocao-.













domingo 8 de noviembre de 2009

Mercadeando.


Mercadeando.

Tengo el olor de la venta,
enhebrado con el gazpacho
de frutas, manzana y piñones.

Un demonio de pimentón molido
que se paga al peso
con el repiqueteo de las cáscaras
de los frutos secos,
y salazones como sanguaza
perfumada,
que tiene su cuna en el mar.

El mundo es un queso de bola
encerado, en ese maquillaje
centrífugo y sanguíneo de cera roja.

Y hay balcones con pechos,
que diga peras;
donde todo lo femenino y exuberante
viene de la tierra.
Piel de naranja y melocotón,
labios de fresa…

La alhóndiga tiene una sola voz,
mesa sus cabellos, y se exhibe,
nace con el alba y muere con el sol.













viernes 6 de noviembre de 2009

En la Vereda.


En la Vereda.

Tengo afinidad a los cortijos
que parecen conventos,
aunque nunca lo fueran.

Incluso los que si lo fueron;
siempre tienen bodega.
Y eso hace mucho
por el amor desinteresado.

Soy de sacristía
de vinos blancos,
y jazmín de entre-tiempo
entre mis labios.

De patio cerrado y mácula,
en el envés,
del espacio abierto
a la sombra de los granados.

En las cuadras
ya duermen la doma
de tus caballos.

El aroma del almuerzo
de mi compaña,
y tus huesos,
siempre yaciendo
casi a los pies
del Cerro Macho.













miércoles 4 de noviembre de 2009

Una tacita de té.


Una tacita de té.

Camino
de baldosa en baldosa;
ahora blanca,
hora roja.

Parezco Alicia
sin falda, sin humos,
sin pastitas –de té-,
sin gato, sin drogas.

Se empequeñece
el mundo
entre erguidas reinas
sin poltrona.

Dogmas,
que hacen rodar
las cabezas.













martes 3 de noviembre de 2009

Si te das la vuelta.


Si te das la vuelta.

El que quiera mirar que mire.
El que quiera escuchar que escuche.
Pero el que se haga el sordo y el ciego,
acabará ciego y sordo,
sin más sol que lo alumbre.

Hay esperanzas que el verde,
se le queda corto.
Y muchas veces,
se nos acaban las frases
para mentir sin herir.












lunes 2 de noviembre de 2009

Ícaro digital.


Ícaro digital.

Le robé a Ícaro sus alas de cera
para convertirme en sobrino suyo.
Pícaro. Encarcelado y en el trullo.

Pícaro. Tan digital
como las preseas que nos invaden.
Hasta las lentejas con chorizo
están hechas de ceros y unos.

Pícaro. Siendo virtual,
todo está permitido,
incluso,
mirando Adán,
meterle mano a Eva
en el paraíso.

Las manos de los artesanos
se secan al sol,
porque ya
nada existe de verdad.













sábado 31 de octubre de 2009

Quimera de barro.


Quimera de barro.

¿Dónde se encuentran
las flores de acero
que dormitan en la esperanza
de un sueño germinado?
Hoy, no hay acequias
para llenar el cántaro;
pero tampoco tempestades.
Todo huele a lejía,
atrezo y decorado,
con la prestancia
de la herrumbre,
con la lumbre
del cambio,
que está por llegar.
Con la miel en los labios
ante una suerte cambiante.
Tengo becerros de oro
que ando vendiendo de saldo.

No es necesaria la utopía
para vivir. Sólo es necesario,
el paso de los años.













jueves 29 de octubre de 2009

Pidiendo a boca llena.


Pidiendo a boca llena.

Pides a diestro y siniestro,
como un manco
de los dos brazos.
Y ahora dirás
que te duele
todo por dentro.

Me tiene loco
esa carita
de princesa obstinada,
que le da bocados
a los grilletes
que lleva puestos.

Que bueno está lo bueno,
cuando sabe,
a labios de mujer
y a cadenas
que se lleva el viento.











martes 27 de octubre de 2009

Detergente bucal.


Detergente bucal.

El que quiera
valer
lo que vale
mi gente,
primero,
que se lave
la boca,
para hablar
de ellos.












lunes 26 de octubre de 2009

Cabezas bicéfalas.


Cabezas bicéfalas.

Un soldado de imaginaria
no mira el reloj para desesperarse,
sino para verlo andar.
Expectante, en esa sonrisa
ginecológica de manos frías
que hace todas las horas asépticas.

Qué bonitos son los sueños,
mientras tratamos de alcanzarlos.
Cabezas bicéfalas
que miran el asfalto.

Contubernios de besos
pagados con pagarés
a noventa días.
Una caricia,
pedida de encargo.