
Mescolanzas.
Cuando nos contagia la emoción
de invadir aquello que no es nuestro,
el saborcillo de la lasaña
con carne, verduras y queso,
es la segunda opción,
cuando ya nos hemos bebido
todo el vino de tinaja,
y hemos empezado
a arreglar el mundo
a base de esperpentos.
La endibia molturada
con los granos simpáticos
y cobrizos de la granada.
Y de fondo, enfundando cada rincón,
texturas imposibles
en una galería de arte
de paredes que ya dejaron de ser
ultrajadamente blancas,
que tienen de bohemio lo mayor,
y de hippie, la justa medida.
Mafalda ha dejado el tabaco
y Candy Candy estaba de resaca.
Que bueno es tener cerca,
mujeres guapas.
Y desde los cuadros,
se nos observaba indiferentes,
con la autosuficiencia de la burla
que tienen las brujas, y en especial,
el pulido fino de una de las Camachas.
En cada ojo vidriado hay simpatías,
quizás, antojos, vasos largos,
un cóctel a la Patagonia,
y copazo doble de tornillos y ferreterías.
La tarde se nos fue,
como se fue el hielo de las copas;
derretido.