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miércoles, 25 de febrero de 2015

Habrá que beberse


a mi tierra…

Habrá que beberse

las luces de los remedios,
quizás por que te haya visto nacer
cada mañana de entre las sombras.
Tu que tienes el sitio
a flor de campiña y tierra,
un palacio por cada campana que tañe
y una piedra rota por castillo.
Porque el sol es rubio como tu vino
y la Parra, un nombre de calle.
Y pasaste volviendo tu talle
gritándole al viento que tienes sierra
además de una cruz como orgullo,
que va de la plata del Nazareno
a la miseria consentida de siempre.
Y en el azul por derecho
que va pintando campanarios de loza,
llora la mocita compuesta y sin novio
que se perdió por tus calles estrechas.
Será que miras a los ojos
buscando la buena fortuna
y la penuria desconchada,
o serán tus manos agrietas de trabajo.
Montilla; anciana cansada y con moño.
Montilla; zalamera ventura
que todo lo sabe,
pero que siempre calla
y casi nunca otorga.







sábado, 21 de febrero de 2015

Poemas azules y añiles


Poemas azules y añiles.

Ellos purgaron las lágrimas y las carcajadas a boca llena; el calambrazo heredero de meter los dedos en un enchufe, sabiendo que la sabia de la luz, recorre el mundo. Y las palabras se hicieron  lealtad en el desacuerdo. Una confianza destemplada que espera la piedad en los hechos y la sinceridad desmentida, cuando ya poco tiene arreglo.

Hoy –vanidoso el que lo lea-, que creemos haber ganado con sobra el cielo eterno de los valientes, soñamos con la verdad en la fe y la inteligencia, ahora que se reza más que nunca, a un dios ateo y a las orejas de burro que ponían en la escuela. Una integridad hecha de esquirlas, que busca el poder y la seriedad, pero que se conforma con mirarse al espejo. Estas son las letras del índigo.